domingo, 30 de diciembre de 2012

A VUELTAS CON LA PRIVATIZACIÓN DE LA SANIDAD PÚBLICA



    
     En 1999 se produjo la puesta en marcha del primer hospital público español de gestión totalmente privada. El Hospital Universitario de la Ribera, en la población valenciana de Alzira. Precisamente esta ubicación geográfica, es la que ha dado nombre a este nuevo modelo de gestión sanitaria, conocido comúnmente como "modelo Alzira".

     Si después de todos los años que han transcurrido desde la implementación de este modelo, me preguntasen si este tipo de gestión es mejor o peor que la gestión pública directa de la sanidad pública, tendría que responder sinceramente que lo ignoro. Sencillamente porque me niegan los datos necesarios para tener una opinión.

     Ayer sábado, sin ir más lejos, una cuenta de twitter denominada Modelo Alzira, me responde a un twitter mío de esa misma mañana en el que emplazo al Sr Alberto de Rosa, gerente de Ribera Salud a que demuestre con pruebas la afirmación que hace, en una entrevista en el País, que la gestión privada de la sanidad es un 25% más barata. Afirmación que repiten, como un mantra tibetano, él y todos los gobiernos del PP empeñados en extender este modelo, como ocurre actualmente en Madrid. Pues bien, el mencionado twitter me responde textualmente que "son datos de la administración que tiene la información de todos, también de concesiones, como responsable del control público". Efectivamente, la responsabilidad la tiene la administración que subcontrata la prestación sanitaria a una empresa privada. El problema es que la administración no pone esos datos a disposición de la ciudadanía. Ni tan siquiera a sus legítimos representantes en las Cortes Valencianas. La oposición en dicha cámara está aburrida de solicitar reiteradamente, durante años, los datos económicos de la gestión de la sanidad pública y, como si fueran un puñado de escolares, contestan, cuando contestan, que tienen suficiente con la información contenida en las memorias de gestión de los diferentes Departamentos de Salud. ¡Menuda tomadura de pelo! Existen Departamentos que hace años que no las publican porque simplemente no las hacen. Y si las preguntas de la oposición se centran en la contabilidad de los hospitales gestionados con el Modelo Alzira, la respuesta es que como son empresas privadas no tienen obligación de rendir cuentas a los representantes políticos. Esto si que es el colmo de la desfachatez, porque a esas empresas a las que se contratan para prestar un servicio público, se les paga con dinero público. Es decir con dinero de los impuestos de toda la ciudadanía, que a fin de cuentas es la auténtica propietaria del sistema público de Salud, y por tanto con todo el derecho a conocer como se gestiona hasta el último euro de sus impuestos.

     Opacidad y falta de transparencia, pues, van de la mano en este modelo. Aquí reside para mí uno de los graves problemas de esta forma de gestión y cuyo desarrollo encuentra tantas resistencias a su expansión por parte de los profesionales y de la ciudadanía, movilizada como nunca en Madrid en contra de la privatización de un bien común.

     De ahí mi petición a que me demuestren con datos la afirmación de que este modelo es más eficiente y un 25% más barato. Estas cosas ya me pillan demasiado mayorcito como para creerme las cosas como si fueran dogmas de fe. Para eso ya tengo la religión. No estoy en contra de la sanidad privada, pero si a que ésta parasite la sanidad pública con el dinero de todos. 

     Además, si realmente el modelo resulta tan barato y eficiente, creo que la clase política con responsabilidad de gobierno está incurriendo en una grave responsabilidad, en época de crisis, no extendiendo esta forma de gestión, por decreto, al conjunto del Sistema Nacional de Salud. Ahorrar un 25% de gasto sanitario supondrían varios miles de millones de euros. ¿Por qué no se hace?

     Como diría el Dr. Igesias, padre de nuestro cantante universal, Julio Iglesias, esto me parece "raro, raro, raro…"


domingo, 22 de julio de 2012

¡Que se jodan!


Dicen que la ignorancia es muy atrevida. Sólo dando por cierto este dicho, se comprende la actitud de amplios sectores de la población que jalean los salvajes recortes que las autoridades políticas están ejecutando en los salarios de los llamados funcionarios.

En estos sectores ha calado lentamente el mensaje interesado por parte de los medios afines al poder político, cuando no directamente desde el mismo poder político, en el que se identifica a los funcionarios con una casta bastante vaga e indolente que parece ser que cobra sin pegar golpe. Aquí se incluye a todo tipo de servidores públicos (bomberos, policías, médicos, enfermeras, carteros, etc.) necesarios para el correcto funcionamiento de un estado moderno y democrático del siglo XXI.

Desgraciadamente, donde más he observado, y escuchado, que los funcionarios nos merecemos este castigo es en el sector de la hostelería y del taxi. Pues bien, desde este momento, y sin acritud alguna, he decidido que, con lo exiguo que está quedando mi salario, a partir de ahora voy a comer y cenar en mi casita, a tomar mis copitas en mi casita, a utilizar exclusivamente el transporte público (bus y metro) y no el taxi donde tengo que escuchar las arengas fascistoides del conductor y de la emisora fascistoide sintonizada de turno, y desde luego procuraré hacer acopio de comida y bebida en mercados, pequeños comercios y no en Mercadona ya que no deseo que sus trabajadores trabajen como "chinos" sino como trabajadores y trabajadoras de una sociedad moderna y democrática.

La ventaja que tienen estos "hooligans" de los recortes es que cuando les atiendo como médico no me importa de qué viven ni lo que piensan. Sólo espero que cuando los verdaderos causantes de la crisis, banqueros y políticos, les retiren su derecho a la sanidad pública, mal llamada gratuita ya que la pagan con sus impuestos, y tras privatizarla tengan, además, que rascarse el bolsillo, sean conscientes de lo que han perdido y del mal que nos están haciendo a los servidores públicos.

Que aproveche

jueves, 26 de enero de 2012

El orgullo de sentirse valenciano

Soy valenciano hasta las trancas. He nacido en Valencia y si el destino no me depara otra cosa me moriré en Valencia. Pese a haber tenido diversas oportunidades de trabajo y residencia, siempre opté por vivir y ejercer de valenciano. Aprendí a amar a Valencia desde pequeño de la mano de mi difunto padre. Consolidé ese afecto durante mi juventud en el mundo fallero de final de los 60 y principios de los 70 (nada que ver con el actual) y, después del baño intercultural en aquella época que supuso mi paso por la universidad, me sumergí en lo más bonito, que es aprender a conocer y usar mi lengua autóctona, el valenciano, cuando comencé a ejercer la práctica de la medicina. Me sentía orgulloso de ser valenciano y lo pregonaba en cualquier parte del mundo donde me encontraba.

Jamás pensé, que llegaría un momento en mi vida en que sentiría vergüenza de decir que soy valenciano, pese a sentirme profundamente como tal. Y ese momento, para mi desgracia llegó ayer. La absolución del Sr. Camps, gracias a cinco conciudadanos ciegos y sordos (como dice José Yoldi en El País), que ha arruinado esta tierra para varias generaciones, me produjo tal sensación de asco que, si existiera un documento de ciudadanía valenciana, renunciaría a él sin el menor reparo. Como una apostasía. ¿Quién me lo iba a decir hace unos años?

Esta Valencia, la de mi infancia, mi juventud y mi madurez, me temo que no va a ser la de mi vejez. Nunca me podré identificar con la Valencia de unos señores que dicen que representan a Valencia y lo valenciano y lo único que han hecho ha sido arrasarla y arruinarla en su propio provecho y el de sus amigos.

No me gustaría morir en esta Valencia.

miércoles, 4 de enero de 2012

¡Manos arriba; esto es un atraco!

Como tal se debe calificar el paquete de medidas que el Conseller de Hacienda de la Generalitat Valenciana, Sr. Vela, ha presentado esta mañana a los representantes sindicales de los trabajadores de la función pública.
Nuevamente se carga en las espaldas de los trabajadores públicos, a los que ya no me atrevo a denominar funcionarios (por lo que de forma interesada se ha desprestigiado dicha denominación), el peso de la crisis que afecta de manera especial a la Comunidad Valenciana.
Y los responsables de ser los líderes nacionales en endeudamiento no son los trabajadores, públicos o privados, sino los responsables políticos que llevan 16 años gobernando nuestras instituciones.
Mientras tanto, congelan el Impuesto sobre el Patrimonio y mantienen multitud de grandes eventos que sólo traen riqueza para cuatro bolsillos.
Me siento atracado