domingo, 19 de junio de 2011

¡Recollons con el copago sanitario!

Menuda semanita llevamos.

El domingo 17 de junio, el diario El País se despacha con un editorial titulado “Las cuentas sanitarias” en el que, después de alguna que otra contradicción, denunciada en una carta al director por José Manuel Freire y el resto de editores del Libro Blanco sobre la Sanidad de Madrid, se concluye alegremente en un alegato –uno más- a favor del copago en sanidad: O se recorta drásticamente el gasto y el modelo social, o se instaura un copago equitativo. ¡Toma del frasco, Carrasco! Y esto lo asume nada menos que El País; sin despeinarse.

Es curioso, sin embargo, que reconozca que el gasto sanitario total no es exagerado, y que se sitúa por debajo de la media de la Comunidad Europea. Asimismo reconoce que cuesta sólo un 6% del PIB (casi 2 puntos por debajo de la media de la CE). Así pues, ¿a qué viene tanta alarma? Me entristece que, en lugar de proponer medidas serias que garanticen la sostenibilidad del sistema sanitario, se entregue,, sin discutir, en brazos de lo que eufemísticamente se está denominando neoliberalismo, en lugar de llamarlo como lo que es: capitalismo salvaje. El que pueda que pague y el que no que se pudra.

Al mismo tiempo, durante la presentación de la encuesta semestral sobre la situación económica, que reúne a lo más granado de la economía de la Comunitat Valenciana, el decano del Colegio de Economistas de Valencia, Leopoldo Pons, sentencia que “el sistema sanitario no es sostenible” y, por si fuera poco, le ayuda su compadre de Alicante, Francisco Menargues con esta lindeza: “la gente considera que lo que no paga no cuesta”. Y entonces, ¡ohh lá lá!, surge de nuevo la receta milagrosa que acabará de raíz con el problema del gasto sanitario: “algún tipo de copago para evitar el uso indiscriminado”.

Pero que bien instruidos están estos señores por los responsables políticos del gobierno valenciano, para ir preparando el terreno a los recortes en derechos sociales que nos van a llover en la nueva legislatura. Al menos eso creo. Sólo así se explica la memez, con perdón, de ejemplo que dice el señor Pons que, para preconizar comportamientos individuales más eficientes, hay que convencer a la gente de que consuma menos. Tanta profundidad no puede venir de la escuela de Keynes o de la escuela de Chicago. Creo yo que viene de la escuela de Jaimito.

¿Por qué estos señores no denuncian los comportamientos de absoluto despilfarro de los gobernantes de la Comunidad Valenciana durante estos últimos años, en eventos y caprichos sin fin, que no han creado una base estructural de desarrollo económico? ¿Por qué no recomiendan controlar y perseguir el fraude fiscal, que es escandaloso, en lugar de retorcer las narices a los trabajadores y las clases menos favorecidas? ¿Por qué no trabajan con las autoridades en denunciar y acabar con la economía sumergida, que es una gigantesca estafa y un verdadero cáncer de la sociedad? ¿Por qué tanto silencio cómplice?

Miren ustedes, afamados profesionales de la economía; cuando denuncien todo lo expuesto, y den cumplida respuesta a mis preguntas, y las de muchos ciudadanos indignados, quizá me tome en serio sus comentarios. De momento considero que son, simplemente, la expresión de la voz de su amo.

Para terminar, porque no quiero extenderme demasiado, sólo un comentario. El copago, palabreja que ni siquiera existe en el diccionario de la Real Academia, no deja de ser un impuesto a la enfermedad que sólo penaliza a los que menos tienen, y a la larga puede generar más gasto que ahorro. En un reciente estudio realizado en Inglaterra (New England Journal of Medicine 2010), el efecto de aumentar el copago fue una disminución del número de consultas, con un resultado final de un aumento de los costes en 24.000 euros al año por cada 100 personas, de lo que parece deducirse que lo que se produjeron es menos visitas necesarias con un

empeoramiento de las enfermedades que acabaron produciendo ingresos que podrían haberse evitado.

Otro día, si os parece, podemos hablar de medidas “serias” para equilibrar las cuentas sanitarias y garantizar la sostenibilidad de uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo.



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