martes, 2 de noviembre de 2010

Copago sanitario y el Hospital de Torrent

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En este momento, especialmente delicado debido a la grave crisis económica mundial que, como ya es harto conocido, es responsabilidad del neoliberalismo y de la desmedida ambición del capitalismo mundial, vuelven a sonar por estos pagos los "tambores de guerra del copago sanitario" para hacer frente a la galopante deuda de la sanidad pública. Esta deuda, como han denunciado repetidamente los expertos, deriva fundamentalmente de una pésima gestión y de un empecinamiento de los responsables políticos en el uso de la sanidad como herramienta electoral sin importar su coste. Aplicar, pues, la fórmula del copago, tal y como denuncian los expertos, no es la solución. Además de hacer recaer el coste de la deuda en las espaldas de los menos culpables, que son los trabajadores y las clases menos favorecidas (parados y los pensionistas), no remedia el problema de fondo: una financiación insuficiente y una gestión ineficaz, mayoritariamente en manos de aficionados.

En la Comunidad Valenciana esta deuda desbocada no impide, a la clase política dirigente, profundizar en las recetas neoliberales de privatización de los servicios públicos, sobre todo los sanitarios. Estas recetas son absolutamente onerosas para las arcas públicas y, pese a ello, tenemos la actitud del Presidente Camps de "sostenella y no enmendalla" cuando en sede parlamentaria mantiene la intención de construir cuatro hospitales más con la fórmula privatizadora de la "concesión administrativa". Uno de esos anunciados hospitales, concretamente el futuro hospital de Torrent, es absolutamente innecesaria su construcción ya que el Hospital General Universitario de Valencia ha demostrado con creces y desde hace muchísimos años, estar absolutamente preparado para prestar una asistencia sanitaria completa y de calidad a dicha población, por lo demás a escasos 12 kilómetros del mismo. Sólo una extraña obcecación en el desmantelamiento progresivo del Estado de Bienestar, para ponerlo a disposición de determinadas empresas privadas, probablemente achacable a una servidumbre a ciertos grupos de presión económica y política, hace que se mantenga un compromiso político realizado hace años y en otras circunstancias económicas. Actualmente, pues, en plena crisis económica, se nos antoja absolutamente irresponsable la inversión de muchos millones de euros en un nuevo hospital cuando con la inversión adecuada, las infraestructuras actuales son capaces, como ya he mencionado, en la prestación sanitaria integral a la población de Torrent.

No puedo por menos que apelar al sentido común, al trellat como decimos en Valencia, y se ponga coto a esta deriva que sólo favorece a ciertos bolsillos y no mejora en absoluto las actuales prestaciones sanitarias que ofrece la sanidad pública de gestión directa. No lo digo yo; lo dicen todos los expertos en economía de la salud en foros poco sospechosos como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si hacen falta reformas de la gestión directa de la sanidad pública, háganse desde dentro. La sanidad privada tiene absoluta legitimidad a prestar servicios sanitarios en libre competencia pero no a gestionar los recursos públicos provenientes de los impuestos de los ciudadanos.



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