martes, 27 de julio de 2010

RESERVADO EL DERECHO DE ADMISIÓN


Tuve el privilegio, hace unos días, de asistir a un concierto en Valencia de Joan Manuel Serrat, dentro de la gira que el cantautor catalán está realizando, para presentar y promocionar su último y excelente trabajo sobre el poeta alicantino Miguel Hernández.
El concierto fue mágico. Oir a un Serrat francamente recuperado, con una voz pletórica de potencia y rica en matices, desgranar lentamente los versos de Miguel Hernández, resultó ser todo un lujo. También, el abstraerse en lo posible de la musicalidad y sentir el estallido interior de sentimientos que me produjeron algunos versos que describían, de forma desgarradora, infancias tristes, llenas de pobreza y de odio, de amor, amistad, guerra, muerte, etc. En resumen, un banquete para los sentidos, del cuerpo y del alma.
Sólo un pero que añadir a la fiesta: la presencia, absolutamente fuera de lugar, a mi parecer, de conocidas personas profundamente conservadoras. De esas que aún no han condenado, no sólo los crímenes del franquismo, sino el propio franquismo al que aún añoran. Crímenes, aún sin condenar por gran parte de la sociedad española, como el del mismísimo poeta protagonista del concierto. Además, el comportamiento durante el concierto de esas personas fue de escaso respeto durante el desarrollo del mismo, manteniendo conversaciones en tono más que molesto, o haciendo uso del móvil en más de una ocasión.
Me parece estupendo que cualquier persona, piense como piense, disfrute con la música de Serrat, pero con canciones sin trasfondo ideológico. Este concierto, dedicado al poeta de Orihuela, no puede ponerse al mismo nivel que otros de Serrat ya que en la práctica era un recital de poesía de un represaliado político muerto en una carcel franquista. En estos casos, debería colgar una cartel a la entrada, bien visible, que dijera: "Por respeto al finado, queda RESERVADO EL DERECHO DE ADMISIÓN".
Seguro que, además del difunto, sus familiares, amigos y admiradores, lo agradecerán.

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