jueves, 6 de agosto de 2009

La Justicia y los Diez Mandamientos

Resulta duro apreciar cómo, alguno de los valores con los que fui educado, se va deteriorando a mi alrededor. Y más duro aún, si cabe, es que este deterioro cuente con la ayuda de algunas personas, que no de instituciones, que se supone que se han preparado para guardar, y hacer guardar, esos valores inherentes a toda sociedad civilizada.
Muchos de esos valores, se han heredado de la tradición judeo-cristiana, y algunos de ellos están recogidos en forma de precepto en los Diez mandamientos, como el de no hurtar o no mentir. Y pensaba, ingénuo de mi, que el paso del tiempo no debía hacer mella sobre ellos. Pero no; estaba muy equivocado.
Desde el momento del sobreseimiento de la ramificación valenciana del caso Gürtel, el de los trajes del President Camps, según las interpretaciones que se hacen desde todas las instancias autorizadas al auto judicial, está permitido mentir de forma descarada, incluso en sede parlamentaria, - y ahí están las hemerotecas para demostrarlo -, al igual que permite a un funcionario público recibir regalos por el mero hecho de serlo.
Siempre he pensado que, el hábito si que hace al monje, de tal forma que el uso de la bata entre los médicos o de la toga entre los juristas, debe servir de coraza y de aislamiento para que el ejercicio de ciertas profesiones, de las consideradas como clásicas, esté exento de influencias, propias o ajenas. En resumidas cuentas, de prejuicios respecto al sexo, religión, raza o credo político, entre otros.
¿Alguien se imagina que un cirujano empuñe el bisturí con mayor o menor interés en función de la ideología política del paciente a su cargo? ¿O que un arquitecto diseñe mejor o peor una casa por el mismo motivo? ¿A que es inimaginable? Pues ese mismo principio debería regir también para el Derecho.
Los estudiantes de Derecho deben andar muy preocupados, pensando en lo que se va a enseñar a partir de ahora en las aulas: que es lícito mentir a todos, todo el tiempo, y que no es delito que cualquier funcionario reciba regalos de particulares que hacen negocios con la institución pública en la que trabaja.
Esperemos que, por el bien de toda la sociedad, el Tribunal Supremo, más pronto que tarde, devuelva el sentido común y la ecuanimidad a la Justicia.

1 comentario:

  1. Profunda decepción es la que sentimos muchos españoles, entre ellos espero que muchos valencianos, por la tomadura de pelo de todo el caso Camps, desde sus "presuntas" mentiras a los valencianos a los que el HONORABLE representa, las relaciones con unos corruptos que estan en la carcel, y el bonito desenlace de absolución que le ha proporcionado su "supuesto" amigo de la RUA (que es juez).
    Yo si fuera camps preferiría que me regalaran un traje tipo "burka" para que no me viera nadie la cara, de la verguenza que me daría ir por el mundo con estos avales. Por mas que Camps repita que está tranquilo se le ve en la cara que no sabe si cortarse las venas o dejarselas largas como decía Tip (el de Tip y Coll). Mireya

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